La sonrisa también cansa: el riesgo psicosocial del trabajo emocional

La sonrisa también cansa: el riesgo psicosocial del trabajo emocional

«Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?». Detrás de esa frase puede existir una persona que acaba de recibir una mala noticia, atraviesa problemas familiares o simplemente se siente agotada. Aun así, sonríe, regula sus emociones y continúa atendiendo con amabilidad. En psicología organizacional, este fenómeno tiene un nombre: trabajo emocional, y constituye uno de los riesgos psicosociales menos visibles, pero con mayor impacto en la salud mental de los colaboradores.

El trabajo emocional (Emotional Labor) es el esfuerzo psicológico que realiza una persona para regular, expresar o incluso ocultar sus emociones con el propósito de cumplir las expectativas de su puesto o de la organización. Ocurre cuando el trabajo exige proyectar emociones como amabilidad, empatía, entusiasmo o calma, aunque estas no coincidan con el estado emocional real del trabajador.

La socióloga Arlie Hochschild (1983), pionera en este concepto, definió el trabajo emocional como la gestión de los sentimientos para crear una expresión facial y corporal observable públicamente, cuyo valor forma parte del servicio por el que se recibe una remuneración. Posteriormente, autores como Grandey (2000) y Zapf (2002) ampliaron esta definición y coincidieron en que se trata del esfuerzo cognitivo y emocional necesario para cumplir las normas emocionales que exige el rol laboral.

La mayoría de las organizaciones identifica riesgos como las jornadas prolongadas, la sobrecarga de trabajo o la presión por alcanzar resultados. Sin embargo, pocas reconocen el desgaste que implica ocultar las emociones durante toda la jornada. ¿Cuántas veces hemos escuchado la frase: «Deja tus problemas en la puerta; aquí vienes a trabajar»? Aunque suele decirse con la intención de promover el profesionalismo, también transmite el mensaje de que las emociones deben reprimirse. La realidad es diferente: nadie puede dejar fuera de la oficina el dolor, la incertidumbre, el miedo o las preocupaciones personales. Ignorarlas no las hace desaparecer; únicamente incrementa el esfuerzo emocional que realiza la persona para seguir funcionando.

Este es un dato poco conocido: las personas que regulan o reprimen constantemente sus emociones presentan mayor riesgo de agotamiento emocional, ansiedad y síndrome de burnout, incluso cuando su carga de trabajo no es excesiva (Grandey, 2000). Desde la psicología organizacional sabemos que esta diferencia entre lo que realmente se siente y lo que se debe expresar recibe el nombre de disonancia emocional, condición asociada con mayor estrés, fatiga, desmotivación y menor satisfacción laboral (Zapf, 2002).

Daniel Goleman (1995) explica que la inteligencia emocional no consiste en ocultar las emociones, sino en reconocerlas, comprenderlas y gestionarlas de manera saludable. Esta diferencia es fundamental. Gestionar una emoción implica regularla conscientemente; fingirla de manera permanente termina generando un importante desgaste psicológico. Por ello, desarrollar habilidades de regulación emocional representa un factor protector frente a los riesgos psicosociales.

La buena noticia es que las organizaciones pueden intervenir antes de que aparezca el agotamiento. Fomentar una cultura donde los colaboradores puedan expresar inquietudes, recibir retroalimentación respetuosa y acceder a programas de bienestar psicológico disminuye significativamente el impacto del trabajo emocional. Asimismo, la capacitación en inteligencia emocional, comunicación asertiva y manejo del estrés fortalece la resiliencia individual y colectiva (Seligman, 2011).

Como psicóloga, con frecuencia atiendo colaboradores convencidos de que «solo están cansados». Sin embargo, al explorar su historia laboral descubrimos que llevan meses, e incluso años, ocultando emociones para responder a las exigencias de su puesto. No son personas débiles ni poco profesionales; simplemente han sostenido una carga emocional invisible durante demasiado tiempo.

La Organización Mundial de la Salud (2022) reconoce que los entornos laborales saludables deben proteger tanto la salud física como la salud mental. Identificar oportunamente los factores de riesgo psicosocial no solo previene ansiedad, depresión, ausentismo y rotación de personal; también fortalece el compromiso, la productividad y el bienestar organizacional.

Porque detrás de cada puesto de trabajo hay una persona, cuidar su salud mental no solo transforma vidas; también fortalece equipos, impulsa organizaciones y construye una cultura donde pedir ayuda es un acto de valentía, no de debilidad.

Si al finalizar tu jornada sientes que el mayor esfuerzo no fue el trabajo, sino aparentar que todo estaba bien, escucha esa señal. No tienes que enfrentar ese desgaste en soledad. Pedir apoyo psicológico es un acto de responsabilidad, autocuidado y fortaleza. El trabajo emocional no debería convertirse en una carga silenciosa. Contar con acompañamiento profesional puede ayudarte a desarrollar herramientas para gestionar tus emociones de manera saludable, fortalecer tu bienestar y recuperar el equilibrio entre tu vida personal y laboral.

Las organizaciones más exitosas no son las que exigen colaboradores perfectos, sino las que promovemos personas emocionalmente saludables.


Psic. Irma del Carmen Guzmán Valdez
Cedula Profesional 13861085
Tel 6188035945
Icgv01@gmail.com
 Psicóloga Irma Guzmán


Referencias

  • Goleman, D. (1995). Emotional Intelligence: Why It Can Matter More Than IQ. Bantam Books.
  • Grandey, A. A. (2000). Emotion regulation in the workplace: A new way to conceptualize emotional labor. Journal of Occupational Health Psychology, 5(1), 95–110. https://doi.org/10.1037/1076-8998.5.1.95
  • Hochschild, A. R. (1983). The Managed Heart: Commercialization of Human Feeling. University of California Press.
  • Organización Mundial de la Salud. (2022). Directrices sobre salud mental en el trabajo. Organización Mundial de la Salud. https://www.who.int/publications/i/item/9789240053052
  • Seligman, M. E. P. (2011). Flourish: A Visionary New Understanding of Happiness and Well-Being. Free Press.
  • Zapf, D. (2002). Emotion work and psychological well-being: A review of the literature and some conceptual considerations. Human Resource Management Review, 12(2), 237-268.